En una de esas conversaciones de mujeres, el otro día alguien mencionó a los “niños índigo”. Naturalmente, nadie pudo definir con un mínimo de claridad las características que hacen acreedor de tal calificación a un ser humano, por lo que con posterioridad me sentí compelido a averiguar de qué se trataba el tema. Me encontré entonces con un floreciente negocio basado en vaguedades y afirmaciones gratuitas –y contradictorias desde un punto de vista estadístico- pues si “hoy todos los niños son índigo”, difícilmente se puede sostener al mismo tiempo que son “excepcionales”… -lógica del Reader’s Digest.
La denominación proviene de una supuesta aura azul que coronaría a estos fenómenos dotados de una extraordinaria inteligencia y de todo tipo de poderes sobrenaturales. Los eximo de una latera y absurda enumeración de cualidades que para los efectos de esta diatriba son irrelevantes. Me limitaré a manifestar la sospecha de que el único “milagro” subyacente a los niños índigo es la habilidad para reetiquetar un problema y transformarlo, por virtud del lenguaje, en una bendición. En pocas palabras, los índigo en cuestión son una versión New Age de lo que la psicología rotula como niños con “síndrome de déficit atencional”, donde el dudoso Ritalin es reemplazado por no menos dudosas conjeturas sin fundamento, adornadas por una fraseología insoportable en la que la palabra estrella es “canalización”. Como suele ocurrir, la “canalización” es un término nuevo para denotar algo tan antiguo como son los estados de trance, que supuestamente permiten a un espíritu manifestarse a través de un médium: así de simple.
El Sumo Sacerdote de este negocio es un tal Lee Carroll, a.k.a. Kryon, que, al igual que Iván Zamorano, habla de sí mismo en tercera persona:
“Kryon ha canalizado pedazos y partes de información en relación con los niños "indigo", y es ahora el momento de revelar algunas cosas de lo que tenemos ante nosotros referente a este tema. No hay todavía una información canalizada precisa de Kryon sobre este asunto, así que les daré una sinopsis, tanto de lo que Kryon ha dicho como de mis experiencias relacionadas con los indigos a lo largo de mis viajes.”
Todo lo que sigue es un nonsense interminable que no apunta a ninguna parte, más que a aumentar los ingresos del Sr. Carroll, que ha viajado por todo el mundo proclamando la Buena Nueva y recogiendo la plata que esta genera.
“¿Pero quien es Kryon?. Kryon es una gentil y amorosa entidad que se encuentra actualmente en la Tierra, desde el año de l991, para ayudar a movernos hacia la alta energía de lo que llamamos "La Nueva Era". Canalizadas en sesiones en vivo por Lee Carroll, las inspiradas palabras de Kryon, han cambiado vidas y brindado amor y luz hasta algunos de los más oscuros y ocultos rincones de nuestro ser interno.
Todos los mensajes de Kryon comienzan diciendo: Yo Soy Kryon del servicio magnético. No es ninguna casualidad que estas palabras encuentren la forma de llegar a sus mentes y de penetrar en sus espíritus, pues todos ustedes se hallan en una fase de descubrimiento.”
Como puede verse, los que escriben no son índigo precisamente, pues probablemente aquellos serían capaces de escribir “quién” con acento y no confundir la ele con el número uno.
Yo Soy Kryon del servicio magnético... En fin, hay que tener estómago para tragarse algo así. Pero si ustedes creen que esto es lo mejor que ha producido la distorsionada corriente del New Age, es porque no han leído todavía “El Libro de Urantia”.

"The Urantia Book, first published by the Urantia Foundation in 1955, was authored by celestial beings as a special revelation to our planet, Urantia."
Más "canalizaciones"... y más negocios. De hecho, quien recibió esa "revelación" fue un tipo conocido como el "sujeto durmiente", lo que da un aura de seriedad inmediata al Libro.
"La oración está destinada a hacer que el hombre piense menos y comprenda más;
no está destinada a incrementar el conocimiento, sino más bien a ampliar el discernimiento." [p. 1616, par. 6]
Este mamotreto de 2.097 páginas, da respuestas a "todo lo que usted quería saber": desde la creación de los Universos hasta los atributos de la divinidad, o de las divinidades, pues como bien dice Martin Gardner en su obra "Urantia: The Great Cult Mystery", el panteón de los griegos palidece al lado del de Urantia. Por otra parte, si no fuera por su abierta pretensión de ser un libro religioso "destinado a corregir los errores de la Biblia", bien podría tomárselo por un texto de ciencia ficción. Para que se hagan una idea de la cosmología urantiana, la Tierra es el planeta Nº 606 de Satania, que está en Norlatiadek, que está en Nebadón, que está en Orvonton, que orbita alrededor de Havona, todos los cuales a su vez dan vueltas alrededor del centro de la infinitud donde Dios habita...
La profusión de nombres cacofónicos y de referencias a una multi-constelación de astros inventados es alucinante. Al lector se le atiborra con nombres y términos ad hoc que, en la práctica, no explican nada, pero marean harto, probablemente para lograr el conocido efecto huaso que se enuncia de la siguiente manera: "si no entiendo nada, debe ser importante..."
Han pasado 2.500 años desde que Aristóteles formalizó la Lógica y con ello puso los cimientos del pensamiento racional. Sin embargo, una parte considerable de la Humanidad sigue firmemente afincada en una irracionalidad que se resiste a ceder su historia de siete millones de años. El movimiento de la Nueva Era, con su cháchara pseudo-esotérica, pseudo-oriental, pseudo-alternativa, es en rigor un retroceso al oscurantismo ya no de la Edad Media, sino del Paleolítico, basado en una apelación a la candidez de gente que supone que las conquistas espirituales se pueden lograr sin esfuerzo, por intervenciones de ángeles, extraterrestres o lo que sea, pero siempre externo a ellos. Así como gastan su plata en aparatos mágicos para adelgazar, están gozosamente dispuestos a regalarle su dinero a quienes les prometen felicidad y paz. Y no sólo el dinero, sino sus mentes, e incluso sus vidas... ¡Qué especie más penosa!
La profusión de nombres cacofónicos y de referencias a una multi-constelación de astros inventados es alucinante. Al lector se le atiborra con nombres y términos ad hoc que, en la práctica, no explican nada, pero marean harto, probablemente para lograr el conocido efecto huaso que se enuncia de la siguiente manera: "si no entiendo nada, debe ser importante..."
Han pasado 2.500 años desde que Aristóteles formalizó la Lógica y con ello puso los cimientos del pensamiento racional. Sin embargo, una parte considerable de la Humanidad sigue firmemente afincada en una irracionalidad que se resiste a ceder su historia de siete millones de años. El movimiento de la Nueva Era, con su cháchara pseudo-esotérica, pseudo-oriental, pseudo-alternativa, es en rigor un retroceso al oscurantismo ya no de la Edad Media, sino del Paleolítico, basado en una apelación a la candidez de gente que supone que las conquistas espirituales se pueden lograr sin esfuerzo, por intervenciones de ángeles, extraterrestres o lo que sea, pero siempre externo a ellos. Así como gastan su plata en aparatos mágicos para adelgazar, están gozosamente dispuestos a regalarle su dinero a quienes les prometen felicidad y paz. Y no sólo el dinero, sino sus mentes, e incluso sus vidas... ¡Qué especie más penosa!




