viernes, diciembre 09, 2005

CURSO DE ECONOMÍA PARA 6° BÁSICO


Veo que el último apunte que escribí, ya hace varios meses, fue sobre educación. Sin proponérmelo vuelvo a este tema que me obsesiona, porque el otro día mi hijo de 12 años me comentó que en el colegio le estaban enseñando Economía. Ah, sí –le dije- ¿y qué has aprendido? Bueno, me han hablado del P.I.B., respondió y me explicó con orgullo en qué consistía ese indicador.

No quise desanimarlo, así que me guardé mi opinión hasta este momento. Para ser honesto, tendría que haberle dicho que me parece una estupidez introducir a un niño a un área de conocimientos tan importante y omnipresente como la Economía, a través de abstracciones vacías, a las que difícilmente podrá dotar de sentido. Si la mayoría de los adultos que hablan del P.I.B., no tienen la más mínima idea de qué es lo que hay detrás de esas siglas, ¿es razonable pretender que un niño parta por ese concepto en su aproximación a la Economía?


Mi curso de Economía para 6º Básico

La primera noción económica que debería aprender todo niño es esta:

Todo beneficio lleva aparejado un costo

¿De Perogrullo, no? Sin embargo, hay muchos mayores de edad que no tienen claro algo tan evidente. Y en lo que respecta a los infantes, el hedonismo corto de vista de nuestras sociedades, combinado con el narcisismo primario que no es fácil de erradicar –y que algunos no superan jamás-, explica que al menos a niños que provienen de hogares acomodados haya que decirles esto.

En la segunda lección, y como un corolario de lo anterior, les explicaría lo que significa el acrónimo inglés:

TANSTAAFL

El que lea esto dirá, “¿no está de acuerdo con que les hablen del P.I.B. y sale con esta sigla abstrusa, que suena como nombre de hobbit?” Sin embargo, su significado está lejos de las proezas épicas que suceden en la Tierra Media. En realidad es algo muy gringo, banal y preciso: "There Ain't No Such Thing As A Free Lunch", o sea “no existe algo así como un almuerzo gratis”.

En nuestra cultura presidida por el marketing, la palabra “gratis” es de uso y abuso diario. Pareciera que todo es gratis y que la vida es como una promoción sin fin, cuyos frutos podemos obtener sin el menor esfuerzo.

Pero lo cierto es que la Economía nos dice exactamente lo contrario.

Y eso, porque la Economía está en las antípodas de la magia (de hecho, probablemente contribuyó más que la ciencia y la filosofía a arrinconar el pensamiento mágico-holístico en beneficio de una racionalidad fragmentada, pero mucho más potente).

Demás está subrayar el contenido educativo que hay en enseñarle a un niño que al final del día, alguien paga por todo, sea en el nivel individual o en el colectivo. Esto último –los costos sociales- permitiría conectar a los alumnos, desde una perspectiva económica, con los grandes problemas ambientales que enfrenta nuestro planeta y llegar en forma natural a una primera definición del objeto de estudio:

La Economía es una ciencia social cuyo objetivo es la asignación eficiente de recursos que, por definición, son escasos y permiten diversos usos.

Con anterioridad a la invención de la agricultura y al surgimiento del concepto de propiedad en el sentido de dominio de alguien sobre algo, con cierto grado de permanencia en el tiempo, no puede hablarse en rigor de Economía: a mi juicio, la disputa de territorios de caza y de los recursos existentes en los mismos, no puede considerarse un hecho económico, en la medida en que toda “transacción” se basa en último término en el derecho de los Trasímacos y Calicles, esto es en la fuerza, y la explotación de esos recursos es transitoria.

Por otra parte, para que haya Economía tiene que haber previamente grupos humanos organizados, con una reglamentación de las faenas productivas y de la distribución de los frutos del trabajo. Es así como toda actividad económica implica una acción mancomunada, lo que nos lleva a la tercera y última lección:

Sin colaboración no hay desarrollo económico

Este es un concepto central, no sólo en Economía, sino en la evolución de nuestra especie y de nuestro cerebro. Desde los homínidos hasta el homo sapiens sapiens, con sus admirables capacidades de construcción y destrucción, nadie ha hecho nada importante solo. Definitivamente, este mundo no es de los Robinson Crusoe, porque somos animales sociales, que a diferencia de las avispas o las ratas topo, no dependemos exclusivamente de una rígida programación genética. Eso, en último término, explica el origen y la necesidad de la Economía.

Uno podría preguntarse a estas alturas, ¿para qué enseñarle los principios básicos de la ciencia económica a nuestros hijos, si son tan evidentes? Justamente por eso: porque cuando algo nos parece obvio, suspendemos en forma inmediata todo esfuerzo de reflexión y/o de conocimiento sobre ese algo y por lo general perdemos la posibilidad de descubrir y explorar las verdades profundas que suelen enmascararse detrás de la fachada de la obviedad.

Pero, bueno, eso podría ser materia de otro apunte. Para terminar con este, vuelvo al punto de partida y me permito afirmar que lo que he propuesto como introducción a la Economía es más formativo que hacer que los alumnos aprendan de memoria la definición del P.I.B., por cuanto esas tres “lecciones” suponen comprender algunos conceptos económicos elementales y relacionarlos con la experiencia cotidiana de cada alumno, insertándolos además en un marco histórico-antropológico, es decir, dotándolos de sentido.

No pretendo afirmar que esos tres temas agotan lo que puede enseñársele a alumnos de sexto básico sobre Economía. Sin embargo, su conocimiento y aplicación en la vida diaria podría contribuir a formar ciudadanos más responsables, conscientes en el plano individual del valor del esfuerzo propio y ajeno y de que lo que reciben como si fuera gratis es porque sus padres trabajan para dárselo, así que no hay que dejar la llave del agua mal cerrada, y no sólo porque el costo de ese descuido lo absorbemos quienes pagamos la cuenta del agua, sino también porque, como mecanismo de asignación de recursos, es extremadamente ineficiente y no se debe derrochar el agua, ya que con un acto así estamos dañando a otras personas con las que convivimos, y contribuyendo a que se agoten más rápido las reservas de agua dulce del planeta, cuyas temperaturas promedio han ido en aumento por el efecto invernadero producido por los gases con que contaminamos la atmósfera y…

¿Verdad que la Economía puede dar más de sí que la árida y exangüe definición del Producto Interno Bruto como la suma de todos los bienes y servicios finales producidos durante un año en el territorio de un país?

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