No solemos pensar en el origen de las palabras y su relación con el significado que actualmente tienen. Bueno, yo sí, y muy a menudo pienso en eso: es como visitar un backstage de la lengua. Lo que está detrás en términos espaciales, lo asociamos con el antes, porque tenemos una concepción lineal del tiempo, que replica la del espacio. Sin embargo, esa forma -more geometrico- de intelectualizar algo tan difícilmente aprehensible como el tiempo, es un subproducto del pensamiento racional, que a su vez es una innovación bastante reciente en nuestra especie. Cuando el tiempo era circular, no habría tenido sentido equiparar antes con atrás. O tal vez sí, ¿a quién puede importarle?
La palabra inglesa, hoy de uso universal, "gay", proviene del provenzal "gai", que significa "alegre". De hecho, aunque ha caído en desuso, en nuestra lengua existe el vocablo "gayo", con ese mismo significado. Es por decir lo menos curioso, que gay se utilice como sinónimo de homosexual, cuando alegre está en las antípodas de una condición que en algunas épocas ha sido estigmatizante. Alan Turing, brillante matemático británico, terminó suicidándose -hace sólo 50 años- tras descubrirse lo que en ese entonces se consideraba una desviación sexual aberrante. Entonces, ¿qué pasó en ese medio siglo que hizo cambiar la percepción de aquellos que -todavía- no somos homosexuales? ¿Por qué hoy en día los homosexuales no sólo no se suicidan, sino que se exhiben impúdicamente en desfiles y carnavales, disfrazados de coristas?
Aristóteles definió al hombre como un zoon politikón en aquellos tiempos en que la vida de las personas giraba en torno a la polis. Hoy, que no hay polis, bien podría decirse que el hombre es un animal estadístico. ¿Cuándo empezó el rechazo a la diferencia? ¿Es tan antiguo como la especie? ¿Por qué nos empeñamos en descartar todo aquello que no tiende a la normal? El otro día vi "The Village", una película que, entre otras cosas, tiene que ver con eso, pero en el extremo de la aceptación. Los habitantes de la aldea coexisten con those of whom no one speaks. Ese circunloquio fue traducido al castellano como "los innombrables", perdiéndose el matiz paradojal que hay en la expresión inglesa, porque a lo largo de la película no hacen otra cosa que hablar de "aquellos de los que nadie habla", que evidentemente es una manera de aceptarlos, al menos como parte del paisaje y, por ende, de la vida cotidiana. Por otra parte, nadie hace cuestión de la ciega, ni del tonto: están todos tan unidos por el miedo que no se molestan en rechazarlos.
No quiero meter a Hitler en esto, así que volvamos al principio. In principio erat verbum... Las minorías oprimidas son una constante histórica; lo que es novedoso es ser oprimido por las minorías. (Mi amiga Ninovska me preguntó antes de qué iba este blog y le dije que si pudiera resumirlo en dos palabras, entonces no lo estaría escribiendo, pero le mentí). En realidad, tras el gigantesco rodeo inicial, hemos llegado al tema central que es la estúpida pretensión de algunos grupos humanos de imponernos -en el nombre de la "tolerancia", claro está- su visión del mundo, su estilo de vida, o lo que sea.
En "La genealogía de la moral", Nietzsche dice que los fuertes fueron empujados a dudar de su derecho a sojuzgar al resto, mediante la "mala conciencia" y así se produjo la Umwertung de los valores, una especie de poner patas arriba la moral. Bueno, en eso estamos. Como muestra, un botón: leí por ahí que "The Village" era una película racista, "porque no estaban representados los negros y los "asiáticos" y que sólo faltó que pusieran unas banderas con suásticas en las casas" ¿De modo que toda obra de arte debería, en opinión de esos subnormales, ser una asamblea tipo Naciones Unidas? Por favor..., si el director no es blanco sino indio. Además en la Pennsylvania de 1890 probablemente no había orientales y solamente habían transcurrido tres décadas desde que los "afroamericanos", insano eufemismo al uso por temor a decir "negros", eran reconocidos como seres humanos, de forma que si hubieran incluido negros en el film, no habría quedado otra que ponerlos cuidando los cerdos y entonces habrían acusado al director de racista por retratarlos como porquerizos...
Dejémonos de estupideces. La intolerancia no puede ser patrimonio de unos pocos. Si los homosexuales quieren casarse y las leyes de sus países lo permiten, bueno, allá ellos, que se casen; pero no nos vengan con el cuento de que los que somos heterosexuales tenemos que "comprenderlos" y aceptarlos. Me niego a ser "políticamente correcto". Esa es la más insidiosa forma de control mental que existe. Si no, que se lo pregunten al rector de Harvard, que tuvo la brillante idea de hacer un comentario negativo sobre la aptitud de las mujeres para las materias científicas y hoy está con la cabeza puesta en la guillotina... por las mujeres, naturalmente.
¿Qué habrían dicho estas buenas señoras de Nietzsche, que en "Mi hermana y yo" escribió: "Las mujeres piensan con su vagina"?
¡Hasta otra, amigas!
P.S. Les recuerdo que pueden contestar los denuestos, usando la opción "comentarios".
La palabra inglesa, hoy de uso universal, "gay", proviene del provenzal "gai", que significa "alegre". De hecho, aunque ha caído en desuso, en nuestra lengua existe el vocablo "gayo", con ese mismo significado. Es por decir lo menos curioso, que gay se utilice como sinónimo de homosexual, cuando alegre está en las antípodas de una condición que en algunas épocas ha sido estigmatizante. Alan Turing, brillante matemático británico, terminó suicidándose -hace sólo 50 años- tras descubrirse lo que en ese entonces se consideraba una desviación sexual aberrante. Entonces, ¿qué pasó en ese medio siglo que hizo cambiar la percepción de aquellos que -todavía- no somos homosexuales? ¿Por qué hoy en día los homosexuales no sólo no se suicidan, sino que se exhiben impúdicamente en desfiles y carnavales, disfrazados de coristas?
Aristóteles definió al hombre como un zoon politikón en aquellos tiempos en que la vida de las personas giraba en torno a la polis. Hoy, que no hay polis, bien podría decirse que el hombre es un animal estadístico. ¿Cuándo empezó el rechazo a la diferencia? ¿Es tan antiguo como la especie? ¿Por qué nos empeñamos en descartar todo aquello que no tiende a la normal? El otro día vi "The Village", una película que, entre otras cosas, tiene que ver con eso, pero en el extremo de la aceptación. Los habitantes de la aldea coexisten con those of whom no one speaks. Ese circunloquio fue traducido al castellano como "los innombrables", perdiéndose el matiz paradojal que hay en la expresión inglesa, porque a lo largo de la película no hacen otra cosa que hablar de "aquellos de los que nadie habla", que evidentemente es una manera de aceptarlos, al menos como parte del paisaje y, por ende, de la vida cotidiana. Por otra parte, nadie hace cuestión de la ciega, ni del tonto: están todos tan unidos por el miedo que no se molestan en rechazarlos.
No quiero meter a Hitler en esto, así que volvamos al principio. In principio erat verbum... Las minorías oprimidas son una constante histórica; lo que es novedoso es ser oprimido por las minorías. (Mi amiga Ninovska me preguntó antes de qué iba este blog y le dije que si pudiera resumirlo en dos palabras, entonces no lo estaría escribiendo, pero le mentí). En realidad, tras el gigantesco rodeo inicial, hemos llegado al tema central que es la estúpida pretensión de algunos grupos humanos de imponernos -en el nombre de la "tolerancia", claro está- su visión del mundo, su estilo de vida, o lo que sea.
En "La genealogía de la moral", Nietzsche dice que los fuertes fueron empujados a dudar de su derecho a sojuzgar al resto, mediante la "mala conciencia" y así se produjo la Umwertung de los valores, una especie de poner patas arriba la moral. Bueno, en eso estamos. Como muestra, un botón: leí por ahí que "The Village" era una película racista, "porque no estaban representados los negros y los "asiáticos" y que sólo faltó que pusieran unas banderas con suásticas en las casas" ¿De modo que toda obra de arte debería, en opinión de esos subnormales, ser una asamblea tipo Naciones Unidas? Por favor..., si el director no es blanco sino indio. Además en la Pennsylvania de 1890 probablemente no había orientales y solamente habían transcurrido tres décadas desde que los "afroamericanos", insano eufemismo al uso por temor a decir "negros", eran reconocidos como seres humanos, de forma que si hubieran incluido negros en el film, no habría quedado otra que ponerlos cuidando los cerdos y entonces habrían acusado al director de racista por retratarlos como porquerizos...
Dejémonos de estupideces. La intolerancia no puede ser patrimonio de unos pocos. Si los homosexuales quieren casarse y las leyes de sus países lo permiten, bueno, allá ellos, que se casen; pero no nos vengan con el cuento de que los que somos heterosexuales tenemos que "comprenderlos" y aceptarlos. Me niego a ser "políticamente correcto". Esa es la más insidiosa forma de control mental que existe. Si no, que se lo pregunten al rector de Harvard, que tuvo la brillante idea de hacer un comentario negativo sobre la aptitud de las mujeres para las materias científicas y hoy está con la cabeza puesta en la guillotina... por las mujeres, naturalmente.
¿Qué habrían dicho estas buenas señoras de Nietzsche, que en "Mi hermana y yo" escribió: "Las mujeres piensan con su vagina"?
¡Hasta otra, amigas!
P.S. Les recuerdo que pueden contestar los denuestos, usando la opción "comentarios".

2 comentarios:
¿Si? ¿Eso dijo Nietzche? Bueno, las mujeres de siempre hemos sabido que los hombres piensan con la polla y no hemos tenido que esperar a que Un Gran Filósofo nos lo dijera.
Si es que andais provocando...
Corazón, no te enfades con el pobre Nietzsche, que tenía tantos problemas con las mujeres. En todo caso, tu planteamiento es interesante: los hombres tenemos dos cabezas y concuerdo contigo en que generalmente manda la de abajo...
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